domingo, 28 de agosto de 2011

El porqué de la maldad profunda


Hoy México, mi país, está de luto.  Este jueves un pequeño grupo de, llamémosles narco-terroristas, cumplió su despiadado cometido, ahondar en forma aún más severa el terror y desesperanza entra la población, no sólo de la ciudad de Monterrey, ciudad industriosa otrora modelo y pujante, sino en todo la nación.  Ese día llegaron poco después de mediodía a un casino que a esa hora lo visitaban principalmente mujeres y gente mayor, a quienes amagaron con sus armas de fuego, para proceder fríamente a vaciar unos bidones de combustible y a prender fuego, retirándose tranquilamente tan pronto lo hicieron.  El resultado:  Más de 50 personas inocentes muertas, ya sea quemadas o por asfixia.

Las razones de esta clase de gente pueden ser muchas y variadas, desde saldar cuentas contra algunas personas en particular, ya sea de los visitantes o de los dueños del casino, demostrar su sangre fría y poder destructivo, perjudicar a un cartel rival, o desgastar a la autoridad pública con la población.  Puede ser una o todas, no lo sabemos.  Pero, no podemos evitar preguntarnos:  ¿Cómo cabe que haya gente capaz de hacer eso? ... porque sus pies corren hacia el mal, se apresuran a derramar sangre. Proverbios 1.16 RV95


La triste realidad es que ahora nos tocó eso a nosotros, pero por lo que sabemos en las noticias, ocurre con demasiada frecuencia en Irak y Afganistán, acaba de pasar en Noruega, así mismo en otras partes a lo largo del tiempo como el horrible ejemplo de las Torres Gemelas en Nueva York.  ¿Guerras?  Por ahora ni hablemos de ellas.

Depravación

Como ellos no quisieron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para hacer cosas que no deben. Están atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y perversidades. Son murmuradores, calumniadores, enemigos de Dios, injuriosos, soberbios, vanidosos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia. Esos, aunque conocen el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. Romanos 1.28-32 RV95

Padres indolentes o ausentes

El pasaje pasado no tiene desperdicio.  Habla, entre otras cosas, de gente depravada, injusta, perversa, malvada, homicida, soberbia, sin afecto natural, implacable e inmisericorde.  Lo anterior retrata a la perfección a gente como esos narco-terroristas, pero indudablemente que las descripciones que omití también deben estar presentes.  Una que me llama la atención es "desobedientes a los padres".  Pareciera un defecto menor, pero sin que los padres deban tener necesariamente la culpa o la tengan toda, sin duda mucha gente de ésta tiene sus raíces en padres indolentes o ausentes (ver entrada El Padre que todos tenemos).  El que no aplica el castigo aborrece a su hijo; el que lo ama, lo corrige a tiempo. Proverbios 13.24 RV95

Enemistad contra Dios

Sin embargo, la descripción que me parece que encierra la clave de todo es que son "enemigos de Dios".  Esa enemistad no necesariamente es explícita - aunque puede serlo, pero al desdeñar, rechazar y/o despreciar la presencia de Dios en sus vidas, son enemigos implícitos.  Y esta es la condenación: la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas, Juan 3.19 RV95  No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. Romanos 12.2 NVI

Fascinación por la violencia


El pasaje también dice que aún sabiendo el pecado que cometen, porque lo saben, no sólo lo hacen, sino que también se complacen con los que lo practican.  El que es perseguido por homicidio será un fugitivo hasta la muerte. ¡Que nadie le brinde su apoyo! Proverbios 28.17 NVI  Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. 2a Timoteo 3.1-4 NVI  En nuestra cultura hay una fascinación innegable por la violencia y destrucción, muy clara por que si no hay suficientes muertos y explosiones, a demasiada gente no le gustan muchas películas.  Por otro lado, los héroes de una gran cantidad de películas y videojuegos a menudo son personajes implacables e inmisericordes, y se presentan como modelos a seguir.

Endemoniados

En el Nuevo Testamento se presentan algunos casos de personas endemoniadas, algunos parecidos a locos, como el endemoniado Gadareno (cf. Marcos 5.1-20), o influídos por el diablo.  Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote hijo de Simón que lo entregara, Juan 13.2 RV95  Es mi opinión que aunque ahora se tiende a considerar esos casos como míticos, Satán o sus demonios si se apoderan de las personas que de tal manera vacían su vida de Dios, que son perfectas víctimas de él.  Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio ... Juan 8.44a RV95

Esos son sólo la punta del 'iceberg'

Ahora, no nos engañemos con que esta gente pueda ser la única alejada de Dios.  Son más bien como la punta de un 'iceberg', el pináculo de la maldad.  ... ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios. Santiago 4.4 RV95  Recordemos que Como está escrito: «No hay justo, ni aun uno; Romanos 3.10 RV95

No cometamos el error de pensar que la gente cruel y malvada sea la única que esté sujeta al juicio de Dios, reflexionen en la siguiente parábola que Jesús nos contó.  A unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: «Dos hombres subieron al Templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, diezmo de todo lo que gano”. Pero el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “Dios, sé propicio a mí, pecador”. Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro, porque cualquiera que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido». Lucas 18.9 RV95

Los saluda su amigo el Biblioguero.

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