domingo, 20 de mayo de 2012

Felizmente casado


Hoy cumplo un año más de casado y quiero dedicarle esta entrada a mi esposa, hablando sobre el matrimonio.  ¿Qué dice la Biblia sobre él?  ¿Cómo lo piensa Dios?  ¿Qué bendiciones nos provee con él?  ¿Qué alternativas hay?  Veamos un poco de todo esto ahora.

El matrimonio

Como siempre, vale la pena conocer la raíz de la palabra.  En español, viene del latín, ya sea 'matris munium' que significa "el cuidado de la madre" (a los hijos), o 'matreum muniens' que significa "protección a la madre" (por parte del padre).  En inglés 'marriage' viene del latín 'marītāre' que significa proveer cónyuge.  Es claro, por estas etimologías, que la institución del matrimonio está claramente ligada a la de la familia, sobre lo cual trataremos un poco más adelante.

Nuestra relación con Dios es la más importante.  Jesús le dijo: —“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el primero y grande mandamiento. Mateo 22.37-38 RV95  En lo personal, dicho lo anterior, creo que después de Dios en mi vida, el lugar más importante lo ocupa mi esposa.

Desde Génesis, Dios vio la necesidad de que el hombre de no estuviera solo.  Luego Dios el Señor dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.» Génesis 2.18 NVI  Como seres sociales que somos, por mucho que nos venga bien de vez en cuando unos momentos con nosotros mismos, tendemos a buscar compañía.  La familia y los amigos son definitivamente esenciales, pero cada uno toma tarde o temprano su camino y puede perderse cercanía y, lo más importante, no puede haber el grado de intimidad que sólo puede haber entre una pareja.  Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne. Génesis 2.24 RV95  Y esta intimidad es tan recóndita que Dios indica que "serán una sola carne".  En el contexto del uso de las palabras en la Biblia, lo anterior implica que serán como familiares.  Así pues, nuestro cónyuge, aún siendo ajeno a la sangre de nuestra familia, se llega a considerar ante Dios como de nuestra sangre.

Los hijos

Además, está la consecuencia de los hijos, pues ... Los bendijo Dios y les dijo: «Fructificad y multiplicaos ... Génesis 1.28a RV95  Hay quienes desdeñan la función de procreación del matrimonio, y aunque el amor de la pareja es el fundamento de éste y cabe la posibilidad de la incapacidad fisiológica de procrear, el ver a los hijos como una molestia que es conveniente evitar, como lo hacen no muchas parejas pero sí cada vez en mayor número, es una posición egoísta.  Ciertamente, el costo de criar un hijo puede ser relativamente oneroso (desde unos US$16,500 para los muy pobres hasta más de $125,000 para la clase media), por lo que los que no tienen hijos pueden alcanzar un nivel de vida económicamente más alto y acomodado.  Pero aunque puedan ser una carga que a veces nos pese (y no sólo económicamente), ... Los hijos son un regalo del Señor; los frutos del vientre son nuestra recompensa. Los hijos que nos nacen en nuestra juventud son como flechas en manos de un guerrero. Salmos 127.3-4 NVI  Nosotros tenemos 2 hijos varones que, como matrimonio, consideramos el más grande regalo (y reto) que nos ha dado Dios.

El matrimonio en la Biblia

Pero aunque Dios dispuso que el hombre se uniera con una mujer, y así lo vemos en parejas como Adán y Eva, Abraham y Sara, Lot y su mujer, Isaac y Rebeca, Moisés y Séfora, Booz y Ruth, Zacarías y Elizabeth, José y María, Aquila y Priscila, etc.; vemos que Jacob procreó con 2 esposas y 2 concubinas, y que varios personajes tuvieron varias esposas como David y Salomón.  Debe reconocerse que en el Antiguo Testamento estaba prevista la poligamia.  Si toma para él otra mujer, no disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal. Éxodo 21.10 RV95  »Si un hombre que tiene dos mujeres ama a una y a la otra no ... Deuteronomio 21.15a RV95  No obstante, hay que ver que en estos pasajes se traslucen problemas potenciales, como efectivamente los sufrió Jacob con conflictos entre sus esposas, y David con conflictos que se traspasaron entre sus hijos; de Salomón, con sus 700 esposas y 300 concubinas ya ni hablamos, las cuales fueron la causa de su apostasía (cf. 1a Reyes 11).  Recordemos que, a menudo, la Biblia no nos describe situaciones ideales, sino meramente como son y como somos (ver entrada El rechazo a lo religioso - Parte 2).

El divorcio y el volverse a casar


Y es que Dios, conociendo nuestra condición humana, prevé y permite escenarios como el divorcio y el volverse a casar, lo cual está permitido en el Judaísmo pues así lo establece la 'Torah' (nuestro Pentateuco).  »Cuando alguien toma una mujer y se casa con ella, si no le agrada por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, se la entregará en la mano y la despedirá de su casa. Deuteronomio 24.1 RV95  Sobre esto hay 2 escuelas de pensamiento:  La de Hillel que consideraba que el hombre podría pedir el divorcio por una gran variedad de razones que podrían ser tan simples como el quemar un guiso; y la de Shammai que consideraba que sólo podría ser por una razón realmente grave (en nuestra realidad, cada vez más se aplican los principios de la escuela de pensamiento de Hillel).  La tasa de divorcio entre los judíos es de alrededor del 30%.

La Iglesia Católica considera al matrimonio como un lazo indisoluble y no permite el divorcio, ofreciendo como una alternativa muy extraordinaria la disolución de éste; considerándolo pues, como si nunca hubiera existido, permitiendo posteriormente sin problema el volverse a casar.  Con todo y lo anterior, la tasa de divorcio entre los católicos es de un 21%, y lo que sucede es que aunque sí ha habido un incremento en anulaciones otorgadas, la gran mayoría de los divorciados no se toman la molestia de solicitarlo, y si se vuelven a casar lo hacen fuera de la iglesia, sin dejar de congregarse en ella.

Las iglesias protestantes, en general, sí permiten el divorcio, aunque dependiendo de su grado de liberalidad, procuran evitarlo.  Aún así, al permitirlo, inevitablemente la tasa de divorcios es penosamente entre el 21 y el 34%, siendo incluso más alto en las denominaciones más conservadoras.

En algunas estadísticas, el divorcio entre los que que no practican ninguna religión es de más de un 40%, pero en otras es menor al de cualquier denominación cristiana.  Lo anterior es sin duda curioso, y es una indudable manifestación de la mala calidad de la fe de la comunidad cristiana en general.  Por otro lado, falta completar la estadística con cuánta gente que no practica ninguna religión (o es atea o agnóstica), ni siquiera se está casando, por lo que ya no es necesario un divorcio tras una separación.

¿Qué es lo que se dice en el Nuevo Testamento sobre esto?  Le preguntaron: «Entonces, ¿por qué Moisés mandó darle a la esposa un certificado de divorcio y despedirla»? Él les respondió: «Moisés les permitió hacerlo porque ustedes tienen muy duro el corazón, pero al principio no fue así. Y yo les digo que, salvo por causa de fornicación, cualquiera que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio. Y el que se casa con la divorciada, también comete adulterio.» Mateo 19.7-9 RVC  Respondiendo Jesús, les dijo: —Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; pero al principio de la creación, hombre y mujer los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Marcos 10.5-9 RV95  Vemos que la disposición del divorcio es permitida por nuestra dureza o por la infidelidad, pero que no éste no es bueno y que el matrimonio debe realmente ser "hasta que la muerte nos separe".

Incluso, a pesar de las provisiones que lo contemplaban, desde el Antiguo Testamento se previene contra el divorcio.  Porque el Señor y Dios de Israel, el Señor de los ejércitos, claramente ha dicho que aborrece el divorcio y a quienes encubren su iniquidad. Tengan, pues, cuidado con su propio espíritu, y no sean desleales. Malaquías 2.16 NVI

El divorcio es uno de tantos males que crece en nuestra sociedad por la ausencia de Dios en nuestras vidas.  Así como la gente no se quiere comprometer con Dios y prefiere creer en alguna mezcla de filosofías que le acomodan (ver entrada Relativismo espiritual o verdad absoluta); tampoco quieren asumir compromisos realmente serios como lo es un matrimonio.  El problema mayor viene cuando hay hijos de por medio, pues el divorcio (o la separación en su caso), genera un gran descalabro económico al romperse una unidad familiar, pues los gastos se desconcentran, su multiplican y afectan a la parte que no tiene suficiente capacidad económica, usualmente la mujer, que al dedicarse a los hijos y al hogar no ha desarrollado su carrera laboral/profesional.  Pero el problema está lejos de limitarse a lo económico, además del trauma que puede haber tras un preámbulo de conflictos o peleas entre los padres, también viene el impacto de la falta de uno de los padres en la formación de los hijos.  Tengo claro que la parte que se queda con los hijos, muchas veces la madre, hace esfuerzos heroicos por sacarlos adelante, y que al final, pueden llegar a ser hombres y mujeres extraordinarios; pero también, es muy posible que se vean afectados por las carencias económicas y emocionales, pues no sólo falta uno de los padres, sino que el que queda, al forzarse más en su trabajo para criarlos, no puede prestarles el suficiente tiempo.  Incluso, lo más triste, es que lo hijos replican esta penosa situación, siendo más proclives a divorciarse cuando se casen.

La alternativa de no casarse, y sólo vivir juntos o "cohabitar", no sólo saca a Dios de la ecuación, sino que desvanece o desaparece el importantísimo factor compromiso, por lo que las separaciones son aún más frecuentes.  Difícilmente se puede establecer una relación DE VIDA con un enfoque de "probemos, veamos qué pasa y llevémosla fácil".

El amor

Se dice que en la antigüedad, el matrimonio no era por amor, pero éste siempre ha estado presente.  Lo vemos claramente en la relación de Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, y Jacob y Raquel.  ¡Sea bendito tu manantial y alégrate con la mujer de tu juventud, cierva amada, graciosa gacela! Que sus caricias te satisfagan en todo tiempo y recréate siempre en su amor. Proverbios 5.18-19 RV95

En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes. No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición. En efecto, «el que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga. 1a Pedro 3.8-11 NVI  Este es el consejo que nos da el Nuevo Testamento, tras otros específicos para maridos y esposas (cf. 1a Pedro 1-7).


Como les dije, hoy festejo mi aniversario de bodas, 17 años ya que he vivido con una gran mujer que me ha acompañado en muchos momentos felices y plenos, pero también en muchos difíciles e inciertos.  Por supuesto que no ha sido perfecto y hemos tenido nuestras discusiones y hay cosas de ambos que no nos gustan.  Sin embargo, ha imperado el amor entre nosotros y "no se pone el sol sobre nuestro enojo" (Efesios 4.26); ambos siempre nos pedimos perdón y nos perdonamos cuando es necesario.  Así mismo, nos amamos profundamente, cada vez más y estamos prestos para apoyarnos.  ¿Cómo lo hemos hecho?  Ambos tenemos muy claro que ha sido posible porque Dios ha estado presente en nuestras vidas, y su amor es el que tiene la capacidad de trabajar y perdurar en nosotros.  El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 1a Corintios 13.4-7 NVI

Disfruten del matrimonio, les desea su amigo el Biblioguero.

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