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domingo, 13 de noviembre de 2011

¿Cómo debemos perdonar?


Basaré esta entrada en un libro de Chris Brauns, quien es el pastor de The Red Brick Church en Illinois, el cual se titula "Unpacking Forgiveness" (Desempacando el Perdón).  Este libro trata sobre el perdón desde la perspectiva de Dios según nos lo enseña en su Palabra.


El perdón ni siempre es unilateral ni incondicional

Este subtítulo tal vez les sorprenda.  Una sabia abuela decía que “toda sana relación está formada por dos buenos perdonadores”.  El perdón debe ser un proceso entre el ofendido y el ofensor, sustentados por Dios, con lo que nos enseña y nos capacita.

Es demasiado común la idea equivocada de que el perdón siempre debe concederse unilateral e incondicionalmente por el ofendido, aunque el ofensor ni siquiera reconozca su ofensa.  Eso no sólo es muy difícil de hacer en algunas ocasiones, sino que puede ser aún imposible sin la intervención de Dios en nuestras vidas.  En todo caso, tampoco es lo que Él espera de nosotros en ofensas de cierta trascendencia.


¿Cuándo es mejor simplemente olvidar el asunto?

Aunque siempre será sano reconocer nuestras ofensas, pedir disculpas y que éstas sean concedidas, hay demasiadas ocasiones que se comete una falta sin mayor trascendencia contra alguien, y las razones pueden ser muchísimas, algunas son:  Accidentes, simples descuidos, olvidos, torpezas, excesos de sensibilidad de quien es ofendido, excesos de rudeza o falta de sensibilidad de quien ofende, etc., etc.  Quien ofende puede no reconocer su falta porque la ignore o, malamente, porque no tiene la disposición de pedir una disculpa.  En esas ocasiones lo más sano es “no engancharse” y sí perdonar unilateralmente, pues además, no es raro que grandes conflictos surjan de problemas realmente tontos y pequeños.  ¿Quién puede discernir sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Salmo 19.12 RV95  Dios sabe que tenemos muchas fallas de las que no somos conscientes.  El odio despierta rencillas, pero el amor cubre todas las faltas. Proverbios 10.12 RV95  El odio no nos debe dominar porque estaríamos siempre peleándonos.  Si damos lugar al amor podemos resolver "todas las faltas" (especialmente las tontas y pequeñas).


Dios nos da la pauta sobre cómo perdonar

Hablemos ahora sobre las faltas más graves.  Conocen muy bien el siguiente pasaje que pertenece al modelo de oración que Jesús nos enseñó y es conocida como “El Padre Nuestro”:  Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Mateo 6.12 RV95 (* en otras partes de la Biblia se dice “ofensas” o “pecados”).  Veamos otros dos más.  Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4.32 RV95  Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Colosenses 3.13 RV95

El concepto clave en estos 3 pasajes es “como”, lo cual indica que Dios nos da la pauta.  Jesús, en una de sus parábolas, historias sencillas con las que nos comunica verdades profundas, nos explica porqué quiere que actuemos como Él.

»Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Cuando comenzó a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderlo, junto con su mujer e hijos y todo lo que tenía, para que se le pagara la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba diciendo: “Señor, ten paciencia conmigo y yo te lo pagaré todo”. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, lo soltó y le perdonó la deuda.
»Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos que le debía cien denarios; y agarrándolo, lo ahogaba, diciendo: “Págame lo que me debes”. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y yo te lo pagaré todo”. Pero él no quiso, sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que pagara la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándolo su señor, le dijo: “Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?”. Entonces su señor, enojado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas. Mateo 18.23-35 RV95

Esta parábola nos muestra que el rey le perdonó al primer siervo una deuda de “diez mil talentos”, tan enorme que era literalmente impagable.  Así son nuestras deudas con Dios, por todos nuestros pecados en nuestras vidas.  Sin embargo, Dios tiene misericordia de nosotros y quiere perdonar nuestras ofensas.  Así pues, es lógico que si esperamos ser perdonados por grandes deudas a Dios, seamos congruentes y tengamos la disposición de perdonar ofensas menores a nosotros, pues nunca se compararán con las nuestras hacia Él.


El modelo que Dios nos da para perdonar


Dios nos ofrece el perdón como regalo.  Él tiene la disposición de perdonarnos y de ofrecernos ese regalo.  Es un regalo porque no nos lo hemos ganado ni nos lo merecemos; de otra manera sería un pago como retribución por algo que hicimos o un premio que merecimos.  ... porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe ... Efesios 2.8-9 RV95  Por otro lado, un regalo hay que recibirlo, y aquí está el rol de la parte ofensora.  Si despreciamos al que nos da el regalo y/o al regalo mismo, no lo recibiremos.  Para recibir el regalo del perdón es claro que debemos estar concientes de que necesitamos ser perdonados y queremos restaurar la relación con la persona a la que ofendimos.  En otras palabras, si no reconocemos la ofensa no creeremos necesitar el perdón.  Así mismo, si no valoramos al ofendido, tampoco nos interesará recibir su perdón, aún reconociendo la ofensa.  Volviendo a nuestra relación con Dios, ciertamente debemos reconocer nuestras ofensas contra Él y contra nuestros semejantes pues también son contra Él.  Y por supuesto, también debemos valorar a Dios para querer restaurar nuestra relación con Él.

Tomando como modelo la misericordia que Dios tiene con nosotros, también nosotros debemos tener la disposición de tender la mano y ofrecer el regalo del perdón.  El ofensor puede aceptar el regalo del perdón que le ofrecemos al reconocer su falta, arrepentirse, disculparse y, al nosotros perdonarlo podemos incluso restaurar nuestra relación con él.  O puede desairarnos, en cuyo caso nosotros habremos hecho nuestra parte.  Ese desaire puede lastimar nuestro orgullo, pero ese orgullo ni es bueno ni importante, lo realmente importante es obedecer la voluntad de Dios.  «Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes». 1a pedro 5.5b RV95

Veamos el modelo que nos presenta de cómo hacerlo:  »Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo estando tú y él solos; si te oye, has ganado a tu hermano. Pero si no te oye, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oye a ellos, dilo a la iglesia; y si no oye a la iglesia, tenlo por gentil y publicano. Mateo 18.15-17 RV95 (* El significado original de la palabra “iglesia” no es grupo religioso o templo, es “asamblea”, o sea agrupación de personas; sin embargo, en este pasaje se refiere al grupo de los creyentes).

Estos son los pasos a seguir:

1. Hay que indicarle a quien nos ofendió porqué nos sentimos ofendidos.  Aunque parezca innecesario, muchas veces la otra parte no está conciente o plenamente conciente de todos los alcances de su ofensa (“¿Quién puede discernir sus propios errores?”).  Si Dios nos instruye a hacerlo es por algo.  Además, el callar nos hace mal.  Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día ... Salmos 32.2 RV95  Si bien, debemos recordar y mantener el objetivo restaurador que Dios quiere  ... si te oye, has ganado a tu hermano. Mateo 18.15b RV95  No simplemente desahogar nuestro coraje y resentimiento.  El necio al punto da a conocer su ira ... Proverbios 12.16a RV95  Como yo he visto, los que aran iniquidad Y siembran injuria, la siegan. Job 4.8 RV95

Haciéndolo, debemos estar preparados para reconocer que también podamos ser culpables de ofensas por nuestra parte y entonces, independientemente de que sigamos teniendo un agravio contra nosotros, asumir nuestro rol de ofensores en lo que nos corresponda.  Es fundamental que previamente hayamos examinado justamente nuestras acciones y actitudes relativas al asunto a tratar.  Confesaos vuestras ofensas unos a otros ... Santiago 5.16a RV95  ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: “Déjame sacar la paja de tu ojo”, cuando tienes la viga en el tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. Mateo 7.3-5 RV95

2. Al principio, debemos tratar nuestro problema SÓLO con la otra persona, NO involucrando a NADIE más, pues si lo hacemos, podemos caer fácilmente en chismes y empeorar mucho las cosas.  Todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende de palabra, es una persona perfecta, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves: aunque tan grandes y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Santiago 3.2-6a RV95

Evita expresar gratuitamente opiniones negativas de la gente, sobre todo hacerlo con demasiadas personas.  Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros. Filipenses 4.8-9 RV95

3. “Si te oye” (cf. Mateo 18.15b RV95).  Este oír no significa que simplemente percibió los sonidos de nuestras palabras, sino que reconoció su falta y, por ende, se arrepintió* y pidió perdón (* arrepentimiento en el original griego μετάνοια - 'metanoia' cuya traducción literal es "cambio de mente", es decir, un cambio de actitud, lo cual es más que remordimiento que es sentir pena por haber hecho algo, sino querer ser/actuar diferente y no volver a ser/actuar igual).  En este caso lo que corresponde ES PERDONAR.  Tras esto el logro más importante es RESTAURAR una relación.  Cuando nos perdona, Dios restaura nuestra relación con Él.  Así mismo, el alcance final del perdón se logra cuando podemos restaurar nuestras relaciones personales.

Hay que notar que a veces, aún perdonando, puede haber consecuencias por la ofensa, como la restitución que Dios contempla.  ... si el impío restituye la prenda robada, devuelve lo que haya robado y camina en los estatutos de la vida, sin cometer iniquidad, vivirá ciertamente y no morirá. Ezequiel 33.15 RV95  Todas nuestras acciones tienen consecuencias, por lo que alguien puede perdonar a otro, pero ese otro aún así tiene que enfrentar ciertas consecuencias de sus actos, que pueden ser tan grandes como ir a la cárcel si mató a alguien.  Porque sembraron vientos, segarán tempestades. Óseas 8.7a RV95

En todo caso, siempre debe estar presente la misericordia.  Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia ... Óseas 10.12a RV95  Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir». Lucas 6.38 RV95

4. Si no nos oye, debemos intentarlo de nuevo con una o 2 personas más (no más), para que nos sirvan de testigos.  Su función puede ser también la de mediar para ayudarnos a considerar todas las circunstancias de una forma justa y equitativa.  Lo deseable es que, después de esto, si impera la voluntad de Dios, reine la sensatez y se llegue al reconocimiento de faltas y al perdón ... porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Mateo 18.20 RV95

5. Ya en ÚLTIMA instancia, se acude a la asamblea (que en algunos casos pudiera interpretarse como la familia).  Aquí, lo que se busca es que la intervención de más personas, siempre y cuando estén guiadas por lo que dispone Dios, ayude a lograr la concordia con la justicia y misericordia que deba haber.

6. Si después de TODO eso, el ofensor ni reconoció sus faltas, ni se arrepintió y, por ende, no se le pudo perdonar y restaurar la relación con él, el tenerlo “por gentil y publicano” quiere decir que ya no tengamos relación con él.

Así pues, es un proceso como sigue:  DISPOSICIÓN DE PERDONAR – COMUNICAR NUESTRO AGRAVIO – ARREPENTIMIENTO – PEDIR PERDÓN – PERDONAR – RESTAURAR RELACIÓN


DISPOSICIÓN DE PERDONAR


Sin esto, nada de lo demás es posible.  Una parábola muy conocida que nos ilustra esa disposición es la famosa del Hijo Pródigo, la cual transcribo a continuación:  También dijo: «Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde”. Y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo, el hijo menor se fue lejos a una provincia apartada, y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia y comenzó él a pasar necesidad. Entonces fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual lo envió a su hacienda para que apacentara cerdos. Deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Volviendo en sí, dijo: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros’ ”. Entonces se levantó y fue a su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia, y corrió y se echó sobre su cuello y lo besó. El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Pero el padre dijo a sus siervos: “Sacad el mejor vestido y vestidle; y poned un anillo en su dedo y calzado en sus pies. Traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta, porque este mi hijo muerto era y ha revivido; se había perdido y es hallado”. Y comenzaron a regocijarse. Lucas 15.11-24 RV95

Aquí vemos que el padre, aún antes que el hijo le expresara su arrepentimiento, estaba dispuesto a recibir a su hijo.  Si en vez de esta disposición, el padre hubiera estado lleno de resentimiento y amargura, el hijo tal vez conociendo la naturaleza de su padre, no hubiera pensado en volver y pedirle perdón o, habiéndolo hecho, se hubiera topado con el desprecio y rechazo de su padre.

La venganza es de Dios

No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor». Así que, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber, pues haciendo esto, harás que le arda la cara de vergüenza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. Romanos 12.17-21 RV95

Para esto es imprescindible aplacar nuestros sentimientos de venganza, la cual sentimos por nuestros anhelos de que se nos haga justicia.  Sin embargo, nuestras pasiones hacen que cualquier venganza que provenga de nosotros corra el riesgo de ser injusta y desproporcionada.  Simplemente, es imposible que tengamos conocimiento pleno de todas las circunstancias involucradas en los hechos que nos afectaron.  Por eso dice el Señor que la venganza es suya, porque será en la justa medida, ni más ni menos.  Cuando dice que Él pagará, así lo hará, en el tiempo que Él disponga, lo cual puede no ser en el que nosotros quisiéramos.  Al contrario, quiere que venzamos el pecado del otro con nuestro bien, y al hacerlo así, dar pie a la posibilidad del perdón y la reconciliación.

Si no estamos dispuestos a perdonar

Recordemos que la condición es muy clara, si no tenemos disposición de perdonar, tampoco “tenemos cara” de pedirle al Señor que Él la tenga con nosotros.  Si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. Hebreos 10.26-27 RV95

Sé que suena horrible pero debemos ser concientes que si elegimos el odio, la amargura, la dureza, la soberbia y lo que es en contra de lo que Dios quiere, nos atenemos a ser sujetos de su justicia.  Porque aunque Dios es amor (cf. 1a Juan 4.8) y “nos toca a nuestra puerta” (cf. Apocalipsis 3.20) para tener convivencia con nosotros, y que compartamos toda la dicha y paz de sus bendiciones en este duro mundo y en la eternidad con Él, si optamos por otro camino tendremos que vérnoslas con Él.

Despojarnos de la amargura

Un sobreviviente del holocausto, el cual tenía motivos comprensibles para estar muy amargado, al superarla decía que si alguien hubiera podido lamer su corazón, se hubiera envenenado.  Ésta es veneno para el alma y para el cuerpo, pues nuestros malos sentimientos se traducen en dolencias físicas.  Además este veneno se transmite a otros.  Mirad bien, para que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios, y para que no brote ninguna raíz de amargura que os perturbe y contamine a muchos. Hebreos 12.15 RV95

Si se han inclinado a cobijar y a nutrir coraje y resentimiento, independientemente de que hayan sufrido agravios graves y reales, no sólo ha brotado una “raíz de amargura” sino que ésta se estaría convirtiendo en un feo árbol grande y fuerte.  ¡Dejen de estar protegiendo del olvido eso!  ¡Dejen de estar repitiendo en cualquier ocasión que surja el odio que sienten!  Aunque no es fácil olvidar ciertas cosas cuando todavía se viven resultados de problemas causados, si quieren que eso NO LOS DOMINE, dejen que Dios se haga cargo de lo que les amarga.

En Salmos 73, Asaf cayó en una amargura que nublaba su entendimiento, al grado que renegaba de Dios; sin embargo, entró en razón y entendió que aunque pareciera que Él no se manifestaba, podía contar con que su justicia divina prevalecería.


CONCLUSIÓN


Las cosas pueden salir bien, a pesar de las adversidades, si nos conformamos a lo que él dispone.  Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8.28 RV95  Así pues, al obedecer a Dios, libérense de esa carga.  Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga». Mateo 11.28-30 RV95

Espero que trabajen con Él para que les ayude a liberarse de las cargas que tengan, sean de resentimiento, amargura, preocupaciones, temores, corajes, etc.  Lean su Biblia.  Si hacen su parte podrán estar en paz con Dios y Él podrá bendecirlos.  Una gran bendición es que vean un cambio en ustedes y propicien que Él también trabaje en la otra parte involucrada en un conflicto.  Si eso no pasara, ustedes seguirán en paz con Él y los bendecirá de todos modos.

Que Dios los bendiga les desea su amigo el Biblioguero.

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domingo, 21 de agosto de 2011

El Plan de Salvación - Porqué Jesús es el Salvador


En la entrada pasada (El Plan de Salvación - ¿Pero de qué?), empezamos a revisar el plan que Dios tiene para nosotros.  Empezamos con el punto 1 - Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros, y desarrollamos con alguna amplitud el punto 2 - El pecado nos separa de Dios.

¿Qué concluiremos? ... si no fuera por la ley, no me habría dado cuenta de lo que es el pecado. Por ejemplo, nunca habría sabido yo lo que es codiciar si la ley no hubiera dicho: «No codicies.» Pero el pecado, aprovechando la oportunidad que le proporcionó el mandamiento, despertó en mí toda clase de codicia ... porque el pecado se aprovechó del mandamiento, me engañó, y por medio de él me mató. Romanos 7.7-11 NVI  Vimos en la entrada pasada nuestra incapacidad para obedecer los mandamientos de Dios.  Satán, con su estrategia de mentiras (ver entrada ¿Cuál fue el famoso Pecado original?), nos hace ver las cosas diferentes de como Dios quiere que las veamos.  Por ejemplo, en lugar de apreciar cuántas cosas nos ha concedido Dios, codiciamos lo que no tenemos creándonos tontas necesidades.

... yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado. No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. Ahora bien, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo en que la ley es buena; pero, en ese caso, ya no soy yo quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita en mí. Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace sino el pecado que habita en mí. Romanos 7.14-20 NVI  Nuestra naturaleza tiene esa inclinación irresistible al pecado, porque tal como Adán y Eva lo hicieron, queremos prescindir de Dios y depender de nuestra propia suficiencia.  Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles. Salmos 127.1a NVI  Así que descubro esta ley: que cuando quiero hacer el bien, me acompaña el mal. Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios; pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo. ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? Romanos 7.21-24 NVI

3. Cambiar de mentalidad


El título de este punto puede ser desconcertante, viene del griego μετάνοια - 'metanoia' cuya traducción literal es "cambio de mente" y en la Biblia es "arrepentimiento".  Esto quiere decir que una vez reconociendo nuestra situación de pecado ante Dios, no sólo sentimos mero remordimiento que es un sentimiento de pena y vergüenza, sino que quisiéramos ser diferentes de manera de no ser cómo hemos sido, no continuar pensando y actuando igual.  ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y generosidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Romanos 2.4 RV95

Estando convencidos de nuestro pecado y reconociendo nuestra necesidad del perdón de Dios, lo lógico es que estemos sujetos a las condiciones de quien nos debe otorgar tal perdón.  Sería absurdo que fuéramos nosotros quienes pusiéramos las condiciones.

Tenemos pues a Dios que nos ama pero que en su justicia no puede darnos cabida con Él en su reino, y que nosotros no tenemos la capacidad de pagar por nuestros pecados porque en nuestra naturaleza humana estamos esclavizados a ellos.  Pero Dios también es misericordioso y provee:

4. El Salvador


Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. 1a Juan 4.14 RV95

El nombre Jesús viene del hebreo יְהוֹשֻׁעַ - Joshua, que significa Yahweh libera, rescata o salva.  Cristo es un título que viene del griego Χριστός - 'Khristós', que a su vez es una trasliteración del hebreo מָשִׁיחַ - 'Mashiach', Mesías, que finalmente significa "El Ungido".  Ungir es vertir y untar algún aceite o perfume especial para consagrar o dedicar solemnemente a alguien o a algo; en la Biblia era el acto culminante para que los sacerdotes y reyes asumieran sus cargos.

Jesucristo es El Dios Salvador y a su vez consagrado por Dios Padre.  Es Dios encarnado.  En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Juan 1.1 RV95  Esto es muy importante entenderlo, Jesús es Dios hecho hombre.  El Padre y yo uno somos. Juan 10.30 RV95  Y Él y Dios son lo mismo.  Jesús es, por supuesto, un personaje histórico de quien dan testimonio no sólo los evangelios que son documentos completamente dignos de fe, sino de diversos historiadores romanos y judíos.

Poco después de Cristo, los gnósticos decían que Jesús había sido Dios pero no hombre.  Ahora, muchos creen que fue un gran hombre iluminado pero que no era Dios y que tampoco dijo serlo.  Pero tanto en los evangelios como en las cartas que conforman el Nuevo Testamento está clara su condición divina por lo que dijo, por lo que hizo, por lo que se profetizó de Él y cumplió, por como lo trataron, etc.  Considerando sólo lo que dijo e hizo, sino era Dios, sólo queda que fuera un charlatán o un loco.  Y precisamente por eso, la opción válida es que era Dios. —Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: —Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia, porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús les respondió: —¿No está escrito en vuestra Ley: “Yo dije, dioses sois”? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: “Tú blasfemas”, porque dije: “Hijo de Dios soy”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en el Padre. Juan 10.32-38 RV95

Habiendo establecido las credenciales de Jesús, veamos a qué vino.

Vino a darnos el regalo de la salvación.  Es un regalo porque ya vimos que está fuera de nuestro alcance por lo que no es una retribución de nuestros méritos.  Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre siendo rico, para que vosotros con su pobreza fuerais enriquecidos. 2a Corintios 8.9 RV95  ... porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe, Efesios 2.8-9 RV95  Dios Padre nos regala la fe en Jesús como Salvador.  Él nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 2a Timoteo 1.9 RV95  Dios en sus propósitos quiere que todos seamos salvos.  »De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3.16 RV95  Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Juan 1.12 RV95

Así pues, Dios Padre quiere que habiendo admitido nuestro pecado y los consecuentes alejamiento y separación de Dios, entendamos nuestra necesidad de restablecer nuestra relación con Él, conformarnos a su voluntad teniendo claro que esto sólo puede ser en sus términos, y teniendo el corazón dispuesto, aceptar el regalo de salvación que nos da a través de su Hijo Jesucristo y reconocerlo como nuestro Salvador y el Señor de nuestras vidas.


¿Cómo es que Jesús nos regala la salvación?  ... fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Romanos 5.10 RV95  Habíamos visto que "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6.23 RV95).  Dios estableció a Jesús como el único sustituto que podía ser capaz de pagar nuestras deudas.  Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él. 2a Corintios 5.21 RV95  Jesús, como el único hombre perfecto que ha caminado en la Tierra, fue condenado injustamente a sufrir humillaciones y dolorosísimos tormentos como ser flagelado y ser coronado con espinas, pero sobre todo a morir en la muerte más cruel e ignominiosa que era ser clavado en una cruz.  Pero Jesús no fue un mero mártir.  Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Hebreos 2.14 RV95  Sabemos que Él, como Dios, venció a la muerte, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras 1a Corintios 15.4 RV95


La idea es que en nosotros también muere el pecado y nos renovamos con Él.  Si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado, porque, el que ha muerto ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él, y sabemos que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. En cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; pero en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Romanos 6.5-11 RV95

5. El Espíritu Santo


¿Cómo ocurre esto?  ... por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo (Tito 3.5 RV95).  De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas. 2a Corintios 5.17 RV95  ... porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2a Timoteo 1.7 RV95  Al recibir a Jesús como Señor y Salvador, recibimos al Espíritu Santo, quien es la tercera persona de la Trinidad.  Él es Dios en nosotros, que nos da la capacidad de conocer y conformarnos a la voluntad de Dios.  Es una presencia que si realmente la recibimos nunca la podremos perder, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención Efesios 4.30b RV95, pues la salvación que costó tanto con la sangre de Cristo, no es algo que podamos perder.  Pero sí es un fundamento sobre el cual debemos sobreedificar.  Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Si alguien edifica sobre este fundamento con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la pondrá al descubierto, pues por el fuego será revelada. La obra de cada uno, sea la que sea, el fuego la probará. Si permanece la obra de alguno que sobreedificó, él recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quema, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. 1a Corintios 3.11-15 RV95

Y esa sobre-edificación la hace el mismo Espíritu Santo, en la medida en la que lo dejemos trabajar en nuestras vidas.  Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley. Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros. Gálatas 5.16-26 NVI  Equipados ahora con su Espíritu debemos dejar que Él prevalezca.  Nótese que esto es muy diferente a la cultura humana egocentrista y que prefiere prescindir de Dios.

Finalmente, la vida cristiana debe ser de constante crecimiento en nuestra relación con Dios, el cual se da a través de:  1) La oración, que es la comunicación que tenemos con Él, con la cual lo debemos alabar, agradecerle, confesarle nuestros pecados y solicitarle peticiones según el modelo que nos presentó en el "Padre Nuestro" (cf. Mateo 6.7-13).  2) Leer nuestras Biblias. Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 2a Pedro 3.18a NVI  3) ... no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Hebreos 10.25 RV95  Ciertamente hay que saber dónde, siendo lo importante no querer hacerlo solo pues Dios no lo quiere así.  Leyendo nuestras Biblias y pidiéndole a Dios ayuda sobre eso, podremos encontrar una iglesia acorde a su voluntad.

¿Qué hacer?


Tener un corazón dispuesto.  Por supuesto podemos tener muchas dudas sobre las que encontraremos respuestas con nuestro estudio de la Biblia, aunque no las hallaremos todas.  »Las cosas secretas pertenecen a Jehová, nuestro Dios, Deuteronomio 29.29a RV95  Pero sin eso, no hay nada que podamos hacer.  Si lo tenemos, sugiero que oremos de la siguiente manera:

    Señor Dios Padre, creador de todo lo que existe, alabado sea por siempre tu nombre.  Sé que tengo muchas cosas que agradecerte y que me amas y quieres lo mejor para mi vida.  Pero reconozco que en mi vida he pecado contra muchas personas, lejanas y cercanas, contra mi mismo, pero sobre todo, contra ti.  Entiendo que esto me aleja de ti y no me permite tener parte contigo en tu reino.  Me arrepiento de mis pecados y te pido que salves y cambies mi vida.  Por ello acepto el precioso regalo que me ofreces a través de la muerte y resurrección de tu Hijo Jesucristo, a quien acepto como Salvador y Señor de mi vida.  Amén.

La oración anterior es un mero modelo que puede variar según cada uno.  Lo importante son las partes que tiene.  Si la decimos con convicción, Dios se agradará de que nos conformemos a su voluntad, y precisamente conforme a ésta, es que nos adoptará como sus hijos.  Por su amor, nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, Efesios 1.5 RV95

Los invito a que no demoren su decisión.  Reflexionen en el reto que Jesús les presentó a los judíos que no querían creer en él.  El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta. Juan 7.17 RV95

Los saluda el Biblioguero.

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