sábado, 14 de enero de 2012

Qué dice la Biblia sobre la idolatría


La palabra idolatría suena a algo malo y pareciera que la respuesta al título de esta entrada está de más.  Sin embargo, la forma en que se profesa o se cree profesar una fe cristiana por millones de personas (dejo abiertas ambas posibilidades), hace que esta respuesta no sea tan obvia como uno imaginaría.  Revisemos con cuidado este tema que tiene aristas que pueden incomodar a muchos.

Qué es idolatría

La palabra "idolatría" viene de las raíces griegas εἴδωλον - 'eidolon' (i.e. ídolo) que significa "imagen" o "figura", y λάτρις 'latris' que significa "adoración", por lo que su significado es:  Adoración a imágenes.  En nuestros días, una forma de entenderla muy claramente y sin mayores problemas es como la adoración por algún pueblo atrasado a la imagen de algún dios primitivo, o incluso como la fascinación fanática hacia algún artista de la industria del entretenimiento.  Pero lo anterior es sólo una forma de entenderla muy limitada.  Aunque hay idolatría en muchas religiones, y en creencias esotéricas y oculistas, nos enfocaremos en la que podemos encontrar en los que profesan o creen profesar la fe cristiana.

El primer mandamiento

En el Antiguo Testamento, el no caer en la idolatría está contemplado en nada menos que el primero de los 10 mandamientos.  »No tengas otros dioses además de mí. »No te hagas ningún ídolo, ni nada que guarde semejanza con lo que hay arriba en el cielo, ni con lo que hay abajo en la tierra, ni con lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso. Éxodo 20.3-5a-b NVI  Vemos que el mandamiento de reconocerlo sólo a Él como nuestro Dios viene acompañado en forma muy explícita con la prohibición expresa de ni hacer representaciones físicas de nada, ni celestial ni terrenal, ni de adorarlas.  Empezamos constatando que es un tema muy central en la voluntad de Dios.

¿Cómo es la imagen de Dios Padre?

Además, Dios Padre nunca se mostró ante nadie en la Biblia en forma inequívoca.  Moisés, quien fue el profeta más importante en el Antiguo Testamento y quien tuvo más contacto directo con Él, vio su gloria ('shekinah'), pero Dios no quiso que viera mucho más que eso.  Entonces dijo Moisés: —Te ruego que me muestres tu gloria. Jehová le respondió: —Yo haré pasar toda mi bondad delante de tu rostro y pronunciaré el nombre de Jehová delante de ti, pues tengo misericordia del que quiero tener misericordia, y soy clemente con quien quiero ser clemente; pero no podrás ver mi rostro —añadió—, porque ningún hombre podrá verme y seguir viviendo. Éxodo 33.18-20 RV95  Así pues, Dios Padre nunca se manifestó en forma personal a nadie.

En partes del libro de Daniel se le llama "Anciano de Días".  »Estuve mirando hasta que fueron puestos unos tronos y se sentó un Anciano de días. Su vestido era blanco como la nieve; el pelo de su cabeza, como lana limpia; su trono, llama de fuego, y fuego ardiente las ruedas del mismo. Daniel 7.9 RV95  Podemos inferir que es de aspecto viejo por ese apelativo y el cabello blanco, si bien, tal apelativo puede significar que es evidentemente de mucha, muchísima, edad (tanta como sea la eternidad).  Esta es la imagen más común de Dios y que podemos apreciar en el fresco que representa a la creación, pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina .


En el libro de Apocalipsis tenemos otra imagen.  Al instante, estando yo en el Espíritu, vi un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. La apariencia del que estaba sentado era semejante a una piedra de jaspe y de cornalina, y alrededor del trono había un arco iris semejante en su apariencia a la esmeralda. Apocalipsis 4.2 RV95  El jaspe es de color rojo parecido a la sangre , y la cornalina es otra piedra de color rojo vivo, tendiendo al naranja .  Tenía la gloria de Dios y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. Apocalipsis 21.11 RV95  Con esta otra mención, podemos inferir que lo que es como rojo no es tanto Él, sino su resplandor, lo cual está en línea con lo que vio Moisés.  Es interesante notar que ambas piedras destacan al ser la primera y la última en las especificadas para el pectoral del sumo sacerdote (cf. Éxodo 39.10-13, a la cornalina también se le llama sardio o sárdica), y el jaspe es también la primera piedra mencionada para los cimientos de la Nueva Jerusalén (cf. Apocalipsis 21.18).

Una muestra de que al Dios verdadero no se le representaba la leemos en la mención de Pablo en Hechos 17.23 (RV95):  ... porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: “Al dios no conocido”. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerlo, es a quien yo os anuncio.

Vemos pues que en la tradición judía, en la cristiana y aún la católica, siguiendo la palabra del primer mandamiento, es muy rara la representación, y aún más la adoración a una imagen de Dios Padre, en lo que también coincide la religión monoteísta del Islam, la cual también prohibe muy expresamente la representación de Alá.

La imagen de Jesucristo

Aquí sí vemos una profusión inmensa de imágenes de Jesús y también un gran culto a éstas y a crucifijos.  Por un lado, podemos pensar que esto es natural, ya que Dios se hizo carne como Cristo.  Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre. Juan 1.14 RV95  Así pues, sin duda alguna, miles de personas conocieron perfectamente su aspecto (tan sólo consideremos los que comieron de la multiplicación de los peces y panes).

Sin embargo, la Biblia prácticamente no dice nada sobre el aspecto de Jesús.  Si acaso, en el libro de Isaías se nos dice lo siguiente:  Subirá cual renuevo delante de él, como raíz de tierra seca. No hay hermosura en él, ni esplendor; lo veremos, mas sin atractivo alguno para que lo apreciemos. Isaías 53.2 RV95  Tan fue así, que lo mandaron crucificar (independientemente de que así estaba dispuesto).  En todo caso, fuera de eso, que dista mucho de la imagen común que se tiene de Jesús, sólo podemos encontrar descripciones de Jesús en el Apocalipsis como un jinete en la batalla de Armagedón.  Entonces vi el cielo abierto, y había un caballo blanco. El que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, en su cabeza tenía muchas diademas y tenía escrito un nombre que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre y su nombre es: La Palabra de Dios. Apocalipsis 19.11-13 RV95  Ciertamente, cuando regrese como Rey de Reyes sí lo veremos con hermosura, esplendor y muy atractivo.  Tú eres el más apuesto de los hombres; tus labios son fuente de elocuencia, ya que Dios te ha bendecido para siempre. ¡Con esplendor y majestad, cíñete la espada, oh valiente! Salmos 45.2-3 NVI  Pero este pasaje que habla de su aspecto en su segunda venida, tampoco nos aporta mayor información sobre su fisonomía.

La imagen popular de Jesús, hoy día, es la de un hombre adulto joven - como es de esperar pues sabemos que tenía 33 años al ascender al cielo; barbado - lo cual es muy probable dadas las costumbres de la cultura judía; con cabello largo - contrario a la costumbre de la cultura en esos tiempos; y blanco - también contrario al tono de tez de lo que sería un judío típico se esos tiempos.  También se le muestra delgado, pero aunque podría ser también de esperar que supiese alimentarse bien y no tuviese sobrepeso, ¿porqué descartar que fuese atlético?  Y en un afán de presentarlo atractivo para los estándares actuales, a menudo se le presenta más bien alto y bien parecido, e incluso rubio y de ojos azules (contraponiéndose a lo que leímos en Isaías).


A final de cuentas, todo lo anterior, no sólo es ocioso sino contrario a la voluntad de Dios.  Precisamente porque nos hizo y nos conoce, sabe de la debilidad de nuestra fe y nuestra proclividad a depositarla en imágenes, por eso estimó que no deberíamos contar con ningún dato relevante del aspecto de Nuestro Señor Jesús.

El Espíritu Santo


La imagen popular del Espíritu Santo es el de la paloma, pues bajó en su forma después de que Juan el Bautista bautizó a Jesús.  ... y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma; y vino una voz del cielo que decía: «Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia».  Lucas 3.22 RV95  Esta imagen, aunque es común, tampoco es objeto frecuente de adoración.

Veneración (¿o adoración?) a hombres

En la Biblia encontramos muchos hombres y mujeres muy destacados, y admirables en muchos aspectos, si bien, humanos al fin (ver entrada El rechazo a lo religioso - Parte 2).  En el s. VIII surgió un conflicto entre la iglesia de Bizancio y la de Roma, entre los llamados iconoclastas e iconodulios (los que se oponían a la adoración de imágenes y los que estaban a favor de ellas).


Los iconoclastas argumentaban:  Basándonos en las Santas Escrituras y en los Padres, declaramos unánimemente, en el hombre de la Santa Trinidad, que habrán de ser rechazado y removido y maldito lo de la Iglesia Cristiana cuya apariencia esté hecha de cualquier material y color por el malvado arte de pintores ... ¡que sea anatema! "Epítome de la Definición de el Concilio Iconoclasta", Concilio de Constantinopla V  También decían:  Satán desvió a los hombres, de manera que adoraran a la criatura en vez de al Creador. La Ley de Moisés y los Profetas cooperaron para remover esto ruin. ... Pero el previamente mencionado demiurgo del mal ... gradualmente trajo de vuelta a la idolatría en la apariencia de Cristianismo.

Los iconodulios contra-argumentaron lo siguiente:  Que el mandamiento de no adorar a ídolos quedó atrás con la venida de Jesús como Dios encarnado.  Que los ídolos representaban seres irreales y los "íconos" a seres reales que sí vivieron (esto, aunque parece una buena razón, no es cierta pues muchos ídolos representaban a faraones, reyes y césares como deidades).  Que a Moisés se le ordenó hacer estatuas de querubines (ángeles guardianes) sobre el arca (cierto, pero la Biblia no registra absolutamente ninguna veneración a estas estatuas).  Que debían seguir tradiciones orales aunque no estuvieran escritas en la Biblia.  Que hay imágenes de origen sobrenatural (tal como se sostuvo siglos después sobre el Sudario de Turín y la imagen de la Vírgen de Guadalupe en una tilma).  Que era tonto negarle a Dios el mismo honor que se le daba a los reyes del mundo.

La Iglesia Católica distingue la adoración a Dios como "latria" (de la raíz griega mencionada al principio) y "dulia" (gr. δουλεία - douleia), que significa veneración, la cual se subdivide en "hiperdulia" que tiene un grado más alto destinado a la Vírgen María, y sólo "dulia" para los santos.  Esto parece ser una distinción correcta en la teoría, sin embargo, la realidad es que en la práctica muchos depositan casi toda o por lo menos una enorme porción de su fe en la Virgen María (o en sus personificaciones), y en los santos, además de hacerlo en forma muy expresa hacia imágenes de éstos, ya sea en templos, estatuillas, pinturas, estampas, etc.


El tema de María debe tratarse com más amplitud, lo cual haré en otra entrada (Qué dice la Biblia sobre la Virgen María).  Sólo recordemos sus propias palabras.  Su madre dijo a los que servían: —Haced todo lo que él os dijere. Juan 2.5 RV60

Respecto a los santos, tenemos que en el Antiguo Testamento nunca se veneró a los profetas en el sentido de rendirles culto.  Ciertamente se honró la memoria de grandes profetas y reyes, pero siempre se les reconoció como humanos falibles (ver entrada El rechazo a lo religioso - Parte 2).  Estos son sólo unos botones de muestra:  Jacob logró la primogenitura con un engaño a su padre medio ciego (cf. Génesis 25).  Moisés asesinó a un egipcio, huyó y se escondió en tierras lejanas (cf, Éxodo 2), y por su desobediencia le fue negada su entrada a la Tierra Prometida (cf. Deuteronomio 34).  David mandó a una muerte segura a uno de sus generales con tal de quedarse con su esposa (cf. 2a Samuel 11).  Todos estos hechos, al estar incluidos en la 'Tanach' de los judíos (Antiguo Testamento), los hicieron muy conscientes de que aún a pesar de lo anterior, si estos fueron hombres importantísimos y con virtudes admirables, esto fue así por Dios y, por lo tanto, sólo a Él debían dirigir siempre su culto.

En el Nuevo Testamento, veamos lo que pasa en el relato de la transfiguración.  Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto. Allí se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede dejar tan blancos. Y vieron a Elías y a Moisés que hablaban con Jesús. Entonces Pedro dijo a Jesús: —¡Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí! Hagamos tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que hablaba, pues estaban asustados. Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: «Este es mi Hijo amado; a él oíd». Y luego, cuando miraron, no vieron a nadie más con ellos, sino a Jesús solo. Marcos 9.2-8 RV95  Para estos apóstoles, Moisés y Elías eran tal vez los más grandes profetas y su primera reacción fue que debían rendirles los mismo honores que a Jesús.  ¿Qué pasó?  Que en una de las contadas ocasiones que Dios Padre habló en el Nuevo Testamento, indicó muy claramente que Jesús era Su Hijo, que lo oyeran a Él, y para mayor claridad, ya no aparecieron más ni Moisés ni Elías.  Mensaje:  No importa lo prominente que hayan sido estos hombres, sólo a Jesús debemos adorar.

En otro pasaje, cuando a Bernabé y a Pablo quisieron adorarlos, encontramos a este último ... diciendo: —¿Por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay. Hechos 14.15 RV95

Conclusión


¡Nuestro Dios está en los cielos;
          todo lo que quiso ha hecho!
Los ídolos de ellos son plata y oro,
          obra de manos de hombres.
Tienen boca, pero no hablan;
          tienen ojos, pero no ven;
          orejas tienen, pero no oyen;
          tienen narices, pero no huelen;
          manos tienen, pero no palpan;
          tienen pies, pero no andan,
          ni hablan con su garganta.
Semejantes a ellos son los que los hacen
          y cualquiera que confía en ellos.
          Salmos 115.3-8 RV95

¿Así o más claro?  No hay excusa para depositar nuestra fe en otro más que Dios Nuestro Señor.  Podemos respetar y reconocer a hombres y mujeres prominentes en la Biblia, hacer más que eso no está indicado en ninguna parte de ésta.  Además, el hecho es que lo que sí practican muchos es una clara idolatría al centrar su fe en otros que no son Dios, y en adorar sus imágenes.  No seamos pues semejantes a esos ídolos que "orejas tienen, pero no oyen".  Si alguno tiene oídos para oir, oiga. Marcos 4.23 RV95

Los saluda su amigo el Biblioguero

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