domingo, 21 de agosto de 2011

El Plan de Salvación - Porqué Jesús es el Salvador


En la entrada pasada (El Plan de Salvación - ¿Pero de qué?), empezamos a revisar el plan que Dios tiene para nosotros.  Empezamos con el punto 1 - Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros, y desarrollamos con alguna amplitud el punto 2 - El pecado nos separa de Dios.

¿Qué concluiremos? ... si no fuera por la ley, no me habría dado cuenta de lo que es el pecado. Por ejemplo, nunca habría sabido yo lo que es codiciar si la ley no hubiera dicho: «No codicies.» Pero el pecado, aprovechando la oportunidad que le proporcionó el mandamiento, despertó en mí toda clase de codicia ... porque el pecado se aprovechó del mandamiento, me engañó, y por medio de él me mató. Romanos 7.7-11 NVI  Vimos en la entrada pasada nuestra incapacidad para obedecer los mandamientos de Dios.  Satán, con su estrategia de mentiras (ver entrada ¿Cuál fue el famoso Pecado original?), nos hace ver las cosas diferentes de como Dios quiere que las veamos.  Por ejemplo, en lugar de apreciar cuántas cosas nos ha concedido Dios, codiciamos lo que no tenemos creándonos tontas necesidades.

... yo soy meramente humano, y estoy vendido como esclavo al pecado. No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. Ahora bien, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo en que la ley es buena; pero, en ese caso, ya no soy yo quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita en mí. Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Y si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace sino el pecado que habita en mí. Romanos 7.14-20 NVI  Nuestra naturaleza tiene esa inclinación irresistible al pecado, porque tal como Adán y Eva lo hicieron, queremos prescindir de Dios y depender de nuestra propia suficiencia.  Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles. Salmos 127.1a NVI  Así que descubro esta ley: que cuando quiero hacer el bien, me acompaña el mal. Porque en lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios; pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra ley, que es la ley del pecado. Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me tiene cautivo. ¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? Romanos 7.21-24 NVI

3. Cambiar de mentalidad


El título de este punto puede ser desconcertante, viene del griego μετάνοια - 'metanoia' cuya traducción literal es "cambio de mente" y en la Biblia es "arrepentimiento".  Esto quiere decir que una vez reconociendo nuestra situación de pecado ante Dios, no sólo sentimos mero remordimiento que es un sentimiento de pena y vergüenza, sino que quisiéramos ser diferentes de manera de no ser cómo hemos sido, no continuar pensando y actuando igual.  ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y generosidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Romanos 2.4 RV95

Estando convencidos de nuestro pecado y reconociendo nuestra necesidad del perdón de Dios, lo lógico es que estemos sujetos a las condiciones de quien nos debe otorgar tal perdón.  Sería absurdo que fuéramos nosotros quienes pusiéramos las condiciones.

Tenemos pues a Dios que nos ama pero que en su justicia no puede darnos cabida con Él en su reino, y que nosotros no tenemos la capacidad de pagar por nuestros pecados porque en nuestra naturaleza humana estamos esclavizados a ellos.  Pero Dios también es misericordioso y provee:

4. El Salvador


Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. 1a Juan 4.14 RV95

El nombre Jesús viene del hebreo יְהוֹשֻׁעַ - Joshua, que significa Yahweh libera, rescata o salva.  Cristo es un título que viene del griego Χριστός - 'Khristós', que a su vez es una trasliteración del hebreo מָשִׁיחַ - 'Mashiach', Mesías, que finalmente significa "El Ungido".  Ungir es vertir y untar algún aceite o perfume especial para consagrar o dedicar solemnemente a alguien o a algo; en la Biblia era el acto culminante para que los sacerdotes y reyes asumieran sus cargos.

Jesucristo es El Dios Salvador y a su vez consagrado por Dios Padre.  Es Dios encarnado.  En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Juan 1.1 RV95  Esto es muy importante entenderlo, Jesús es Dios hecho hombre.  El Padre y yo uno somos. Juan 10.30 RV95  Y Él y Dios son lo mismo.  Jesús es, por supuesto, un personaje histórico de quien dan testimonio no sólo los evangelios que son documentos completamente dignos de fe, sino de diversos historiadores romanos y judíos.

Poco después de Cristo, los gnósticos decían que Jesús había sido Dios pero no hombre.  Ahora, muchos creen que fue un gran hombre iluminado pero que no era Dios y que tampoco dijo serlo.  Pero tanto en los evangelios como en las cartas que conforman el Nuevo Testamento está clara su condición divina por lo que dijo, por lo que hizo, por lo que se profetizó de Él y cumplió, por como lo trataron, etc.  Considerando sólo lo que dijo e hizo, sino era Dios, sólo queda que fuera un charlatán o un loco.  Y precisamente por eso, la opción válida es que era Dios. —Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: —Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia, porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús les respondió: —¿No está escrito en vuestra Ley: “Yo dije, dioses sois”? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: “Tú blasfemas”, porque dije: “Hijo de Dios soy”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en el Padre. Juan 10.32-38 RV95

Habiendo establecido las credenciales de Jesús, veamos a qué vino.

Vino a darnos el regalo de la salvación.  Es un regalo porque ya vimos que está fuera de nuestro alcance por lo que no es una retribución de nuestros méritos.  Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre siendo rico, para que vosotros con su pobreza fuerais enriquecidos. 2a Corintios 8.9 RV95  ... porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe, Efesios 2.8-9 RV95  Dios Padre nos regala la fe en Jesús como Salvador.  Él nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 2a Timoteo 1.9 RV95  Dios en sus propósitos quiere que todos seamos salvos.  »De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3.16 RV95  Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Juan 1.12 RV95

Así pues, Dios Padre quiere que habiendo admitido nuestro pecado y los consecuentes alejamiento y separación de Dios, entendamos nuestra necesidad de restablecer nuestra relación con Él, conformarnos a su voluntad teniendo claro que esto sólo puede ser en sus términos, y teniendo el corazón dispuesto, aceptar el regalo de salvación que nos da a través de su Hijo Jesucristo y reconocerlo como nuestro Salvador y el Señor de nuestras vidas.


¿Cómo es que Jesús nos regala la salvación?  ... fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Romanos 5.10 RV95  Habíamos visto que "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6.23 RV95).  Dios estableció a Jesús como el único sustituto que podía ser capaz de pagar nuestras deudas.  Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él. 2a Corintios 5.21 RV95  Jesús, como el único hombre perfecto que ha caminado en la Tierra, fue condenado injustamente a sufrir humillaciones y dolorosísimos tormentos como ser flagelado y ser coronado con espinas, pero sobre todo a morir en la muerte más cruel e ignominiosa que era ser clavado en una cruz.  Pero Jesús no fue un mero mártir.  Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Hebreos 2.14 RV95  Sabemos que Él, como Dios, venció a la muerte, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras 1a Corintios 15.4 RV95


La idea es que en nosotros también muere el pecado y nos renovamos con Él.  Si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado, porque, el que ha muerto ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él, y sabemos que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. En cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; pero en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Romanos 6.5-11 RV95

5. El Espíritu Santo


¿Cómo ocurre esto?  ... por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo (Tito 3.5 RV95).  De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas. 2a Corintios 5.17 RV95  ... porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2a Timoteo 1.7 RV95  Al recibir a Jesús como Señor y Salvador, recibimos al Espíritu Santo, quien es la tercera persona de la Trinidad.  Él es Dios en nosotros, que nos da la capacidad de conocer y conformarnos a la voluntad de Dios.  Es una presencia que si realmente la recibimos nunca la podremos perder, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención Efesios 4.30b RV95, pues la salvación que costó tanto con la sangre de Cristo, no es algo que podamos perder.  Pero sí es un fundamento sobre el cual debemos sobreedificar.  Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Si alguien edifica sobre este fundamento con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la pondrá al descubierto, pues por el fuego será revelada. La obra de cada uno, sea la que sea, el fuego la probará. Si permanece la obra de alguno que sobreedificó, él recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quema, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. 1a Corintios 3.11-15 RV95

Y esa sobre-edificación la hace el mismo Espíritu Santo, en la medida en la que lo dejemos trabajar en nuestras vidas.  Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley. Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros. Gálatas 5.16-26 NVI  Equipados ahora con su Espíritu debemos dejar que Él prevalezca.  Nótese que esto es muy diferente a la cultura humana egocentrista y que prefiere prescindir de Dios.

Finalmente, la vida cristiana debe ser de constante crecimiento en nuestra relación con Dios, el cual se da a través de:  1) La oración, que es la comunicación que tenemos con Él, con la cual lo debemos alabar, agradecerle, confesarle nuestros pecados y solicitarle peticiones según el modelo que nos presentó en el "Padre Nuestro" (cf. Mateo 6.7-13).  2) Leer nuestras Biblias. Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 2a Pedro 3.18a NVI  3) ... no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Hebreos 10.25 RV95  Ciertamente hay que saber dónde, siendo lo importante no querer hacerlo solo pues Dios no lo quiere así.  Leyendo nuestras Biblias y pidiéndole a Dios ayuda sobre eso, podremos encontrar una iglesia acorde a su voluntad.

¿Qué hacer?


Tener un corazón dispuesto.  Por supuesto podemos tener muchas dudas sobre las que encontraremos respuestas con nuestro estudio de la Biblia, aunque no las hallaremos todas.  »Las cosas secretas pertenecen a Jehová, nuestro Dios, Deuteronomio 29.29a RV95  Pero sin eso, no hay nada que podamos hacer.  Si lo tenemos, sugiero que oremos de la siguiente manera:

    Señor Dios Padre, creador de todo lo que existe, alabado sea por siempre tu nombre.  Sé que tengo muchas cosas que agradecerte y que me amas y quieres lo mejor para mi vida.  Pero reconozco que en mi vida he pecado contra muchas personas, lejanas y cercanas, contra mi mismo, pero sobre todo, contra ti.  Entiendo que esto me aleja de ti y no me permite tener parte contigo en tu reino.  Me arrepiento de mis pecados y te pido que salves y cambies mi vida.  Por ello acepto el precioso regalo que me ofreces a través de la muerte y resurrección de tu Hijo Jesucristo, a quien acepto como Salvador y Señor de mi vida.  Amén.

La oración anterior es un mero modelo que puede variar según cada uno.  Lo importante son las partes que tiene.  Si la decimos con convicción, Dios se agradará de que nos conformemos a su voluntad, y precisamente conforme a ésta, es que nos adoptará como sus hijos.  Por su amor, nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, Efesios 1.5 RV95

Los invito a que no demoren su decisión.  Reflexionen en el reto que Jesús les presentó a los judíos que no querían creer en él.  El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta. Juan 7.17 RV95

Los saluda el Biblioguero.

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